Hay cosas que uno no puede hacer solo; discutir, subirse y sujetar una escalera a la vez, o doblar una sábana de esas de cama de matrimonio. Yo toda mi vida he pensado que lo ideal era vivir en pareja, por muy extraña que fuera la pareja, de hecho hay parejas que acaban convirtiéndose en tríos, parejas que se van quedando sin pareja, porque no se puede evitar el miedo a no estar a la altura.
Hay parejas que son imposibles por definición, por historia y por física, aunque no por química parejas en las que la química se ha ido gastando aunque sigan siendo una familia, familias donde en algún momento hubo una pareja, parejas que fueron en algún momento y ya no son nada
Y eso es lo que más miedo da en la vida cuando la pareja se rompe sea por lo que sea la primera sensación que se tiene es de pánico, un miedo atroz al cambio, a la perdida de control sobre nuestras vidas, un miedo atroz a estar solo, pero cuando se llega a la soledad uno se da cuenta de que la ruptura puede llevarnos a un lugar mejor donde volando solos conseguiremos ver aquello que nos hace feliz, descubrir y descubrirte.
Un día como hoy, en el cual llevo volando sola varios meses, he tenido que asegurarme de que sabía donde y en que lugar del calendario me encontraba, y sí, estamos a 11 de diciembre. Un mes donde muchas personas echan su vista atrás y piensan en los mas de trescientos días que han pasado desde que se propusieron llevar a cabo lo que denominamos “propósitos de nuevo año“. Pues bien, un día como hoy como he dicho antes no me voy a echar la vista hacia atrás nunca más sino hacia adelante.
Hasta pronto pájaros...

No hay comentarios:
Publicar un comentario